PARA COLGAR EN VERTICAL

Las obras: Huellas en la Arena, La Virtud, Vísceras, Al Trasluz y El Cuerpo Herido, están realizadas con técnicas y herramientas muy distintas, pero he decidido ponerlas en la misma sección porque lo que tienen en común -además de ser obras físicas, en cuanto a textura, pigmento o soporte- es la temática del fragmento, la huella y la memoria.


EN EL SENTIDO DEL ESPACIO SUBLEVADO

La investigación que desemboca en este proyecto, parte de una inquietud acerca del ámbito de lo cotidiano, en el cual hemos encontrado un espacio privilegiado para hablar de la importancia de los sentidos.
Lo que nos llama la atención es cómo estos están insertados en nuestras costumbres y en consecuencia, en nuestra mente e identidad. Son sensaciones que se repiten diariamente, formando una red que soporta la actividad correspondiente; que limita y encarcela. Este proyecto cuestiona este aspecto, liberando a los sentidos y haciendo que funcionen por si solos, cobrando la importancia que en realidad tienen. Nuestra intención es presentar una forma distinta de sumergirnos en ellos y experimentar las sensaciones que esto nos provoca.
Para lograrlo, presentamos una serie de propuestas integradas por elementos discordantes entre sí y que tienen como objetivo desubicar al espectador. Se trata de dos obras dedicadas, cada una de ellas, a un sentido concreto: La Vista y El Oido. Estas funcionan cíclicamente, es decir: no hay por qué seguir un orden preestablecido al recorrerlas. Cada una de ellas cobra la misma importancia que las demás pudiendo funcionar de manera individual.


15 de noviembre de 2009

Vísceras

Serie de 3 fotografías digitales sobre cartón pluma negro.

El cuadrado como formato y forma de unidad, de ser único y de individuo, nos lleva al retrato del interior.
La vida se compone de pequeñas piezas, retazos que van modelando nuestra personalidad y como si de una instantánea hecha de varios fragmentos se tratase, capturamos ese instante.

A través de cada objeto -como significado de un momento que no se volverá a repetir, que esta ahí de manera única, por el lugar y la forma en que esta dispuesto por si solo y en relación con el resto- percibimos una visión más íntegra del otro. Aun así igual que las vísceras, pocas cosas son imprescindibles para uno mismo. Son estas las que tienen un valor intrínseco por la historia personal que contienen y nos contiene, como si ya fueran parte de nuestro sistema límbico. Lo demás es necesario pero suplementario, porque al final lo que nos sustenta es otra cosa.

El interior, a la vez, es un reflejo de la vida que llevamos. El ajetreo y la acumulación de objetos que está tan instaurada en el diseño del mundo occidental, nos lleva a depender en gran manera de ellos. Los objetos forman parte de nuestro yo, de manera que cuando ya no existimos nos seguimos proyectando en ellos y al haber formado parte de nuestra vida, a alguien que nos conoció pueden traerle a la memoria una escena, una palabra, un gesto, que perdurará más que nosotros en el tiempo y que a la vez adquiere un nuevo valor para ese otro. De este modo existimos porque nos recuerdan y recordamos, al mismo tiempo.


Dimensiones de cada fotografía: 40x40cm. Dimensiones del bastidor: 134x47cm